una historia entre tantas

 Por donde empiezo… había una vez, no, no, así no,

 Debo organizar mis ideas y evitar saltearme partes importantes , así que veamos como sale:

Primero les contaré  algo sobre mi , Generalmente yo era una persona común, pero ese era el problema,  era demasiado común y en los momentos de contar historias jamás tenía (o recordaba) ninguna.

Y si alguna vez, ocurría esa excepción, no era nada interesante, hasta que algo lo cambio.  

 

todo comenzó cuando murió mi tío Frank.

Yo  cada vez que recibía un consejo de mi padre, al  ver que yo no entendía decía melancólicamente: -“él los explicaba tan bien !”  o  “a él siempre se le comprendía”

Y de vez en cuando: -”como lo extraño!…”.

 A mi padre siempre le costó superar aquella pérdida,  Mi padre se culpaba por los momentos  que de chico había peleado con su hermano.

En especial,  siempre recordó un momento en el que se pelearon por algo y lo rompieron, se gritaron y pasaron un mal rato.

 

Y en cuanto a mi,  nunca lo  conocì,  murió antes de que yo naciera, de una enfermedad rara.

 El parecía  haber sido una buena persona por lo que me contaba mi padre. Yo   jamás lo vi en ninguna foto. Mi  padre las enterró junto a el, al fallecer.

 

Me pareció una decisión buena, ya que la muerte de  Frank fue un gran golpe para el y toda la familia..

Yo siempre necesitaba algún consejo pero algunas veces,  (para no entristecer a papá)  

 Me las arreglaba sola, al fin y al cabo, es mejor no depender tanto de los demás

 

Un día (entre varios), subí al ómnibus y me senté junto a una persona de 35 o 40 años,(por ahí andaba), cerca de la puerta del ómnibus. Odio ese lugar porque al abrirse la puerta se te vuelan las cosas y eso fue justo lo que le paso al que se encontraba a mi derecha. Volaron papeles con  imágenes , El, apuradamente los juntó, olvidándose, como cualquier apurado de algo, en este caso una lamina o algo así ,

Yo se la recogí  rápidamente, pero al intentar  dársela ya no estaba  (¡que apurado!),

 -“Se te a caído algo chiquilla “_dijo el chofer-”pues si es así apúrate que ya vamos a arrancar”.

Luego de sentarme nuevamente, le consulte a una señora si conocía a aquella “rara” persona  (un nuevo nombre  para el apurado desconocido) ella me dijo:- “yo no he visto a nadie, corazón” .

No me  sorprendió pues aquella mujer tenia unos 70 y algo de años ha esa edad las personas  están  en otra.

En  fin,  yo ni mire la lámina , sólo la coloqué en mi bolsillo y seguí con mis cosas.

 

en el liceo la profesora se retrasó y entre uno que otro grito,como: “somos libres” le eché un vistazo a la lámina.

Era vieja y se encontraba a medias.

No logré distinguir que era,  porque estaba manchada con salsa o algo así.

De repente escucho que  viene la profe, evidentemente no quedó tiempo para seguir cuestionándome, guardé la lámina  hasta la ocasión siguiente.

 

Al terminar la clase llegó el momento de salir y como de costumbre me fuí  en el ómnibus a casa.

 Al llegar, le mostré a mi padre la lámina con el dibujo borroso- El la miró y me dijo – “ ni idea de lo que es “ .

 

al día siguiente  volví a ver al  “raro” ,” olvidado”, “apurado”  ,etc.

Se encontraba caminando comúnmente,  lo cual me obligó a sospechar,

 Si a mi se me perdiera algo me preocuparía  y  él no tenía aspecto de nada parecido.

Me acerqué y le dije-”Ayer  en el ómnibus se te cayó  esto . Sin embargo no te veo muy preocupado”. El sin cambiar su humor y con la misma cara miró la lámina y me  dijo  -”uno disfruta más algo cuando lo comparte que cuando se lo queda para sí”.

Yo miré la foto y pensé  – ”éste es peor que mi padre” y cuando alcé la cabeza para preguntarle a que se refería,  ya no se encontraba allí.

 

Cuando volví a casa, le conté a mi padre lo sucedido.

       “ y el no te ha contestado  nada ?”- dijo mi padre

       ”si ,pero no le entendí”_ contesté

       ”y que te ha dicho?- volvió ha interrogarme papá.

Al  repetirle la frase que aquel extrañó me dijo antes de volver a desaparecer,  mí padre  soltó una (o dos) lágrimas, tomó la lámina subió a su cuarto y volvió con otro pedazo.

Los unió, y luego exclamó- ”es un auto!”-dijo llorando– “la tonta pelea!”.

 

Por primera vez logré comprender a mi padre, porque al juntar la lámina , detrás bien prolijo y en cursiva decía: -”uno disfruta más algo cuando lo comparte que cuando se lo queda para sí”.

 

“PAPA SIEMPRE TUVO RAZON,  FRANK EXPLICABA LAS COSAS TAN BIEN QUE TE OBLIGABA A COMPRENDERLO”

 

 

 ganador de dos concursos de literatura en la Mennais

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